In Memoriam. Profesor Dr. D. Ángel Belmonte Vicente.

Salamanca 1930, Santiago de Compostela 2026

En las tardes que compartía con mi maestro el profesor Ángel Belmonte, con mente clara recordaba con emoción sus años de formación en París, a mediados de la década de 1950, junto a Maurice Tubiana en el Instituto Gustave Roussy. De aquella etapa conservaba una idea que, contemplada hoy, adquiere una extraordinaria dimensión. Tubiana vislumbraba ya, que una parte esencial del futuro de la Medicina Nuclear estaría en el tratamiento: la posibilidad de realizar una “radioterapia selectiva”, era en palabras que Belmonte evocaba, «una bendición del cielo»; una radiación que no tuviera que atravesar los tejidos sanos para alcanzar el tumor, sino que pudiera dirigirse específicamente hacia una diana.

Resulta difícil encontrar una imagen más premonitoria de lo que, muchas décadas después, se ha convertido en uno de los grandes ejes de nuestra especialidad. Aquella intuición de los años cincuenta contiene ya el principio que sustenta la terapia y el diagnóstico con radiofármacos: identificar una diana biológica, alcanzarla selectivamente y depositar sobre ella la radiación, procurando preservar en la mayor medida posible los tejidos sanos.

Ángel Belmonte supo comprender muy pronto el alcance de aquella idea. Y quizá sea esa capacidad para mirar más allá de la Medicina de su tiempo una de las mejores formas de comenzar a recordar su figura.

Porque el joven médico que regresó de París a Santiago de Compostela no se limitó a traer consigo unos conocimientos o unas técnicas aprendidas en uno de los grandes centros europeos. Trajo también una manera de entender una disciplina que apenas comenzaba a existir. En 1957 puso en marcha el Servicio de Medicina Nuclear del Hospital General de Galicia, iniciando una trayectoria que lo convertiría en una figura fundamental para el nacimiento de la Medicina Nuclear gallega y, posteriormente, para su desarrollo y consolidación como especialidad en España.

Su compromiso con la Medicina Nuclear trascendió pronto el ámbito gallego. El profesor Belmonte participó activamente en la construcción y organización de nuestra especialidad en España y asumió responsabilidades en las instituciones que precedieron y dieron forma a la actual Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular. Fue presidente de nuestra Sociedad en una etapa en la que la Medicina Nuclear española estaba definiendo su identidad, consolidando su reconocimiento y construyendo las estructuras científicas y profesionales que hoy forman parte de nuestro patrimonio común.

A esa dimensión institucional se unió siempre su vocación universitaria y docente. Catedrático de Farmacología de la Universidad de Santiago de Compostela, Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Galicia, profesor y maestro de varias generaciones de médicos, entendió la Medicina no solo como ejercicio profesional, sino también como conocimiento que debía transmitirse. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y aprender de él recordamos precisamente esa combinación de curiosidad, rigor y capacidad para mirar hacia el futuro.

Hoy, cuando la Medicina Nuclear vive una extraordinaria expansión y hablamos cotidianamente de dianas moleculares, radiofármacos y tratamientos dirigidos, aquellas palabras que el profesor Belmonte conservó durante toda su vida parecen cerrar un círculo. El futuro que pudo entrever siendo un joven médico en París es, en buena medida, el presente de la especialidad que contribuyó decisivamente a construir en nuestro país.

Escribo estas líneas, además, desde una posición que hace este recuerdo especialmente significativo para mí. Como presidente de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular tengo hoy el honor de suceder, tantas décadas después, a quien también asumió la responsabilidad de presidir nuestra Sociedad en una etapa decisiva de su historia. Para quienes hemos recibido ese legado, recordar al profesor Belmonte no es únicamente volver la mirada hacia nuestros orígenes. Es reconocer que la Medicina Nuclear española que hoy conocemos se construyó sobre la visión, el esfuerzo y la capacidad de quienes, como él, supieron imaginar su futuro cuando casi todo estaba todavía por hacer.

Para mí, como médico nuclear formado también en Santiago de Compostela y hoy sucesora del profesor Belmonte al frente de la SEMNIM, y de la Jefatura de Servicio de Medicina Nuclear en Santiago, esa continuidad tiene además un significado profundamente personal. Creo que supo inculcarnos a sus alumnos ese entusiasmo por la medicina molecular, base de la tan renombrada medicina personalizada y de precisión. Nos separan generaciones y una Medicina Nuclear tecnológicamente muy distinta, pero nos une una misma Sociedad y, sobre todo, una misma convicción: que nuestra especialidad debe seguir mirando hacia adelante.

Quizá por eso resulte especialmente emocionante volver hoy a aquella conversación de los años cincuenta. A aquella idea de una radiación capaz de encontrar su diana sin tener que atravesar innecesariamente los tejidos sanos. A aquella «bendición del cielo» que un joven Ángel Belmonte escuchó en París y cuya trascendencia supo reconocer.

Setenta años después, aquella diana continúa estando en el centro de nuestra Medicina Nuclear. Y la visión, el trabajo y el legado del profesor Ángel Belmonte forman parte de la historia que nos ha permitido llegar hasta ella. D.E.P.

Virginia Pubul Núñez

Presidente de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM)

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